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University of California
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Miel de abeja: un verdadero milagro

In English.

Una probadita de miel: metiendo los dedos en un panal. (Fotografía de Kathy Keatley Garvey)
“¡La miel de abeja, por favor pasen la miel!”

Esa simple petición, precedida de una expresión de cariño, por si acaso, significa que hay miel de abeja en la mesa.

Y debe de haber. Como hija, nieta y bisnieta (y más allá) de apicultores, crecí con miel de abeja en la mesa. (Y en mis dedos, cara y ropa).

Mi favorita en ese entonces era la miel de abeja de trébol, de las exuberantes praderas y campos de nuestra granja de 300 acres en el suroeste de Washington. Mi favorita ahora es la miel de abeja del abrepuño amarillo (yellow starthistle) del sur de California, derivada de las flores de esta maleza altamente invasiva, Centaurea solstitialis, a la que los granjeros odian (y con mucha razón) y los apicultores aman.

“Casi todas las mieles de abeja tienen su propio sabor único, aun cuando es del mismo varietal”, señala Amina Harris, directora del Centro de Miel de Abeja y Polinización de UC Davis (UC Davis Honey and Pollination Center). “Existen características que aprendemos a buscar, pero aun dentro de esa variedad, la miel de abeja diferirá de acuerdo con el área en la que es recolecta. Por ejemplo: la miel del aguacate se le conoce por ser de un tono ámbar oscuro con un sabor parecido a la melaza, regaliz o anís. Sin embargo, una vez que empiezas a probar una selección de ellas, algunas saben a licor de melaza y regaliz muy negro. Otras tienen un sabor casi a frutas como higos o ciruelos secos. La mayoría de las personas no notan la diferencia y luego están los nerdos de la miel, ¡como yo”!

Un apicultor de UC Davis sostiene un marco de miel. (Fotografía de Keatley Garvey)

“Mi miel favorita de todos los tiempos es una a la que sigo regresando. Me gusta la de trébol dulce de las Altas Planicies con ese toque de canela —las características picantes es algo que me encanta”, expresó Harris. “Mi “miel impresionante” favorita es la del cilantro. Recogida cerca de Yuba City, el cultivo de semilla nos da una miel que pareciera como si camináramos a través de un bazar de especies con toques de cardamomo, canela, pimienta de Jamaica, nuez moscada y — chocolate”.

El Centro de Miel y Polinización de UC Davis, localizado en el Instituto Mondavi para Vinos y Ciencias Alimenticias en Old Davis Road, ofrece cursos periódicamente sobre la evaluación sensorial de la miel de abeja, así como degustaciones de miel. Próximamente: el centro ofrecerá degustaciones gratuitas de miel en su sede principal durante el evento denominado 105th Annual Campuswide Picnic Day, que se llevará a cabo el 13 de abril y en el Festival de la Miel de Abeja de California, en el centro de Woodland, el 4 de mayo. Otra degustación de miel de abeja muy popular: la apicultora de Extensión de California, Elina Lastro Niño, con base en el Departamento de Entomología y Nematología de UC Davis, ofrecerá una degustación de miel de abeja en el Briggs Hall durante el Día de Campo anual.

Hay más sobre la miel de abeja que lo que experimenta el ojo — o el paladar. El Centro de Miel y Polinización llevó a cabo, en octubre, un curso certificado de tres días sobre la Evaluación Sensorial de la Miel de Abeja, en el que se usaron “herramientas y métodos de evaluación sensorial para educar a los participantes sobre los matices de la varietal de la miel de abeja”, dijo Harris. La estación de radio pública KQED del norte de California destacó el curso en su programa “Taste This”.

Y todo se lo debemos a las abejas melíferas.

El ecologista en polinización Stephen Buchmann de la Universidad de Arizona (quien obtuvo su doctorado en entomología en UC Davis, estudiando con el especialista en polinizadores nativos, Robbin Thorp), escribe en su libro titulado Honey Bees: Letters from the Hive (Abejas meliferas: cartas desde la colmena) que cada abeja obrera “realiza de cuatro a diez o más viajes diariamente desde el nido, para visitar cientos o muchos miles de flores para recoger el néctar y polen. Durante toda su vida, una abeja obrera puede haber volado de 35 mil a 55 mil millas colectando alimento para ella y sus compañeras de nido. Una libra de miel almacenada en la colmena puede representar 200 mil millas de vuelos y néctar de hasta cinco millones de flores”.

Toma un frasco de 16 onzas de miel de abeja en el supermercado. Eso representa “el esfuerzo de miles de abejas volando un total de 112 mil millas para obtener el néctar de alrededor de 4.5 millones de flores”, escribe Buchmann.

Por su puesto, nosotros apreciamos a la abejas melíferas principalmente por sus servicios de polinización (una tercera parte de los alimentos que comemos son polinizados por las abejas) pero la miel es solamente un pensamiento posterior.

Ha sido descrita como “oro líquido”, “néctar de los dioses” y “el alma de un campo de flores”. Francamente, no es nada menos que milagroso.

Y bueno, así debería ser.

Una abeja melífera succiona néctar de una flor de lavanda. (Fotografía de Kathy Keatley Garvey)

Una abeja melífera succiona miel de un panal. (Fotografía de Kathy Keatley Garvey)
Una abeja melífera succiona miel de un panal. (Fotografía de Kathy Keatley Garvey)

Posted on Wednesday, November 28, 2018 at 1:58 PM

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