
Muchos de los árboles que quedaron carbonizados mostraban señales de vida debajo de su corteza
Jeff Henderson respiró aliviado al recibir una exención para evitar la remoción de uno de los robles que durante décadas adornó su casa en Altadena y que, pese a haber quedado completamente carbonizado por fuera por los incendios de Los Ángeles de 2025, todavía conservaba vida debajo de su corteza ennegrecida.
Un año después del devastador incendio y gracias a la intervención de investigadores de Agricultura y Recursos Naturales de la Universidad de California, del árbol retorcido y ennegrecido comienzan a brotar pequeños retoños verdes.
“Ahora tiene una gran personalidad”, indicó Henderson, riéndose. “Hablo en serio. No voy a cortarlo”.
Chris Shogren, asesor en horticultura ambiental de Extensión Cooperativa de la UC, quien está a cargo de los esfuerzos para salvar muchos de los árboles quemados de Altadena, indicó que el roble de Henderson “tenía los puntos de la muerte”. El experto se refería a los puntos azules que se pintaron en los árboles que tenían que ser retirados, pero su propietario tuvo la esperanza de que su árbol tuviera vida y solicitó una exención para no removerlo y la aprobación llegó justo a tiempo.
Junto al hoyo de tierra en donde antes estaba su casa, hay cuatro enormes robles. En cada uno, Henderson coloque pequeños letreros atados con un listón amarillo con el mensaje: “¡Por favor, no corten el árbol! Si tienen preguntas, llamen al propietario…”

Después de los incendios de 2025, los árboles – y la remoción de ellos – se convirtió en un punto de controversia. Conforme el Cuerpo de Ingenieros del Ejército retiraba los escombros y la vegetación de los terrenos quemados, los residentes empezaron a preguntarse si algunos de los árboles dañados estaban siendo removidos prematuramente, sin darles el tiempo adecuado para mostrar señales de recuperación.
“Desafortunadamente, al principio algunas opiniones no fueron favorables y perdimos muchos árboles”, mencionó Henderson, señalando los jardines vacíos de sus vecinos. “Me parte el corazón cuando veo que todos esos árboles ya no están”.
Henderson y su esposa vivieron en Altadena durante 35 años antes de que su casa se quemara el pasado enero. Los robles eran el punto central de la propiedad y sirvieron de escenario principal en las bodas de sus dos hijas, celebradas en este patio trasero.
Ahora, los árboles están ennegrecidos y severamente carbonizados desde el tronco hasta la copa, pero Henderson está dispuesto a esperar el tiempo que sea necesario para ver si logran sobrevivir a sus heridas.
“Una de las cosas que hicieron a este hogar fueron los árboles”, dijo Henderson. “Cuando llegamos por primera vez después del incendio, simplemente rezamos por ellos”.
Durante toda la fase de limpieza, el equipo de Agricultura y Recursos Naturales de la Universidad de California fue inundado de peticiones de los sobrevivientes del incendio y de otros residentes preocupados por el futuro del dosel arbóreo en Altadena y Palisades, vecindarios conocidos por su exuberante vegetación.
Estas llamadas llegaron hasta Shogren, el experto local en árboles de UCCE. La gente quería saber si sus árboles podrían recuperarse.
“Tienen que esperar una temporada de crecimiento antes de tomar una decisión”, aconsejó Shogren. Pero tras evaluar las zonas quemadas, lo que observó confirmó el temor de los residentes: algunos árboles estaban siendo removidos antes de lo que él recomendaría.
“No te puedo decir cuántos árboles he visto sobre los que he pensado, ‘este árbol se va a recuperar muy bien’, luego regresas y ya lo han cortado o podado tan terriblemente que daría igual haberlo quitado”, indicó Shogren.

Al ver esas pérdidas, se puso manos a la obra. Siguiendo el espíritu de Extensión Cooperativa, Shogren lanzó una respuesta interdisciplinaria, trabajando junto a miembros del público, agencias gubernamentales y colegas científicos para proteger recursos naturales valiosos.
Salvando árboles y haciendo exenciones: Cuerpo de Ingenieros del Ejército toma una decisión histórica
El Cuerpo de Ingenieros del Ejército se enfrentó a una tragedia sin precedentes en Los Ángeles y actuó con gran rapidez. Los árboles no fueron retirados por descuido; simplemente, quienes respondían a la emergencia no estaban familiarizados con las especies arbóreas locales de California. Además, determinar si los árboles dañados podrían sobrevivir más de cinco años es una decisión difícil incluso para el arborista más experimentado.

Aquí es donde Shogren vio la oportunidad de aplicar su experiencia. Formó una conexión con Altadena Green, un grupo local de defensa que se organizó después del incendio, con la misión de proteger el resto del dosel arbóreo urbano.
“Los árboles de Altadena son tan esenciales para la identidad de Altadena Green”, manifestó Stephanie Landregan, directora de la organización. “Y muchos árboles todavía podían recuperarse”.
Así que Shogren y otros arboristas profesionales de Altadena Green acudieron al Cuerpo de Ingenieros para ofrecerles orientación sobre cómo evaluar adecuadamente la salud de los árboles angelinos. La coalición actuó rápidamente y capacitó al arborista del Cuerpo de Ingenieros que trabajaba en las zonas quemadas.
Luego, el equipo dio un paso más allá.
“Este es nuestro mayor logro y estamos muy orgullosos de ello: logramos que el Cuerpo de Ingenieros del Ejército emitiera su primera exención relacionada con árboles”, dijo Landregan. Al presentar un dibujo de sus jardines y una lista de las especies representadas, los residentes pudieron solicitar la exención de la retirada de sus árboles.
El proceso cambió la suerte de miles de árboles, incluido el roble de Henderson. El Cuerpo de Ingenieros del Ejército pintó el tronco de los árboles que debían ser retirados con un código de tres puntos azules.

Las zonas quemadas sirven como sitios de estudio para los colaboradores de UC
La recuperación de los robles de Henderson encaja en un proyecto de investigación mucho más amplio que llevan a cabo Shogren y un equipo de científicos de UC Davis, UCLA, el Servicio Forestal y la Universidad de Florida. Para comprender cómo los árboles urbanos responden a incendios relacionados con el clima, como los que arrasaron Los Ángeles, se realizan estudios en las zonas quemadas.
“Nunca puedes reproducir lo que pasó en un experimento científico”, dijo Shogren. “No queremos que estos devastadores eventos sucedan, pero cuando suceden queremos recopilar la mayor cantidad posible de datos para usarlos en el futuro”.
El equipo tuvo que empezar a trabajar inmediatamente después del incendio, evaluando los cuadrantes de Altadena y Palisades. Además de evaluar la salud de los árboles, realizan escaneos LiDAR tridimensionales de vecindarios afectados por incendios, un esfuerzo que permitirá generar algunos de los mapas más detallados jamás producidos desde tierra de zonas urbanas quemadas.

Edith de Guzmán, miembro del equipo de investigación, es especialista en políticas de equidad y adaptación del agua de Extensión Cooperativa con UC ANR, basada en UCLA. Ella trabaja para aumentar la concientización sobre la mitigación del cambio climático y los beneficios para la salud del público en los bosques urbanos. Pero, según De Guzmán, en Los Ángeles mantenerse verde no es cosa fácil.
“En climas más húmedos, hay árboles que brotan de forma espontánea. Eso no sucede aquí la mayoría de las veces”, explicó de Guzmán.
Ese panorama no hace más que complicarse a medida que el cambio climático modifica las condiciones que ciertos árboles necesitan para prosperar. Ese contexto añade un sentido de urgencia al estudio y motiva a los investigadores a elaborar las directrices necesarias para proteger los entornos urbanos frente a futuros incendios.
“No sabemos ahora qué tipo de árboles replantear porque desconocemos cómo reaccionan los árboles urbanos ante el fuego”, manifestó Shogren. “No se han realizado estudios a largo plazo sobre la supervivencia y la salud de los árboles tras incendios en entornos urbanos. Estamos construyendo toda esa investigación de base”.
A pesar de esa presión, la arboricultura requiere paciencia: puede llevar años a los árboles recuperarse del daño. Este equipo está comprometido a largo plazo y planea regresar en los próximos años, incluso después de que se retiren los escombros, se reconstruyan las viviendas y las personas regresen a sus hogares.
“Estamos tratando de hacer lo mejor que podemos como doctores de árboles”, dijo Shogren. “Se tomará tiempo para que esos árboles digan cómo se van a recuperar. Así que simplemente tenemos que estar allí y escucharlos”.
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