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Es necesario un cambio de enfoque para prevenir la obesidad

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La idea de que alimentarse bien y mantenerse activo físicamente son actividades que están ligadas exclusivamente a la responsabilidad personal es un concepto del pasado, según especialistas en nutrición de la Universidad de California. Términología como “factores ambientales” y “entorno comunitario” empieza ahora a formar parte del vocabulario de la prevención de la obesidad.

“Vivimos en un ambiente que fomenta un estilo de vida sedentario y el consumo de alimentos que tienen un muy bajo contenido nutritivo”, precisa Joanne Ikeda, codirectora del Centro para el Estudio del Peso y la Salud (Center for Weight and Health) de la Universidad de California en Berkeley.

La preferencia por el sabor de la grasa, azúcar y sal es de origen biológico. Sin embargo, las Normas Alimenticias del 2005 para los Estadounidenses, expedidas por el gobierno federal en base a los hallazgos científicos más recientes acerca de la alimentación saludable, recomiendan “limitar el consumo de grasas trans y saturadas, colesterol, azúcares agregados, sal y alcohol”.

“Sabemos que a la mayoría de las personas no les resulta natural comer lo que debieran. Esto apunta a la necesidad de modificar los factores ambientales para facilitar el que adultos y niños escojan alimentos saludables”, apunta Ikeda.

Al celebrarse en marzo el Mes Nacional de la Nutrición, el Centro para el Estudio del Peso y la Salud, junto con Extensión Cooperativa de la UC, continúan su campaña para que se dé un enfoque más amplio al creciente problema del sobrepeso y la obesidad en California.

La incidencia de la obesidad se ha triplicado desde 1970

Según los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades (Centers for Disease Control and Prevention) de los EE.UU., el porcentaje de niños y adolescentes considerados con sobrepeso se ha triplicado desde el inicio de los años 70. Los resultados de la Encuesta Nacional sobre la Salud y Nutrición indican que más del 15 por ciento de niños y jóvenes entre los 6 y 19 años de edad tienen sobrepeso.

Según el reporte del 2002 del Centro para la Promoción de la Salud Pública en California, 26.5 por ciento de los niños en el estado tienen sobrepeso. Esta tasa, aunada a la población de California, hacen de este estado el lugar de residencia del mayor número de niños con sobrepeso en el país.

Apuntan expertos de la UC que para convertir el entorno comunitario en una zona que fomente la buena condición física y el consumo de alimentos saludables se requiere de la participación de agencias, personas, comercios y el gobierno en maneras que tradicionalmente no han estado ligadas a la salud y bienestar de la población.

“Debemos lograr que trabajen juntos todos los sectores de la sociedad”, precisa Patricia Crawford, codirectora también del Centro para el Estudio del Peso y la Salud de UC Berkeley. “Quienes trabajan en los departamentos de parques y recreación, en planeación urbana, en el sistema de transporte, cuidados de la salud, en las industrias de producción de alimentos y bebidas, en agencias encargadas del cumplimiento de la ley, en el ámbito de la salud pública y la educación deben darse cuenta de que pueden jugar un papel en reducir la obesidad”.

La continúa reducción en el uso del cigarillo es un modelo para la prevención de la obesidad


La continua reducción del porcentaje de personas que fuman muestra cómo el medio ambiente, y no sólo la responsabilidad personal, pueden dar lugar a un cambio. Esto ocurre particularmente en California donde el fumar se ha vuelto una costumbre inconveniente. La ley ha limitado el fumar en público a zonas al aire libre, los impuestos han aumentado el precio, campañas educativas han enseñado a los niños el riesgo de fumar, las compañías de seguro han ofrecido incentivos para dejar de fumar, la publicidad ha fomentado el que se evite este hábito y las agencias y empleadores han ofrecido programas para dejar de fumar. Los especialistas en nutrición reconocen que la prevención del sobrepeso es una cuestión un poco más complicada.

“En cuanto al tabaco, el mensaje fue sencillo: no fume”, apunta Crawford. “Sin embargo, todos tenemos que comer. La similitud con el tabaco es que el primer paso en nuestro cambio hacia el tabaco fue que tuvimos que aprender que existía un problema. Estamos ahora a ese nivel. Definitivamente estamos conscientes de la obesidad y se escucha más y más acerca de este problema cada día. La siguiente fase es hacer los cambios al entorno comunitario que faciliten que las personas estén activas y coman saludablemente. Esa es la fase a la cual intentamos pasar ahora”.

“Las escuelas son un ejemplo de un ambiente que solía fomentar un estilo de vida saludable y ahora, aunque lo fomenten de palabra, no lo hacen en la práctica”, observa Ikeda.

Es necesario derribar ciertas barreras para convertir las escuelas en un lugar donde los niños puedan aprender y poner en práctica una alimentación saludable y la actividad física. Por ejemplo, apunta Crawford, las escuelas con frecuencia cierran después de terminar las clases y ni las instalaciones ni los patios de recreo están disponibles para que jueguen los niños.

“No es únicamente culpa de las escuelas. Es un problema que tiene que ser resuelto por muchos porque puede ser que lo que preocupa a las escuelas es una demanda legal”, explica Crawford.

La comida rápida en las escuelas

Las escuelas también se sienten obligadas a aceptar contratos con compañías productoras de refrescos, sodas y dulces para la venta en máquinas expendedoras debido a que las actividades escolares no están lo suficientemente financiadas por fondos públicos. Forzadas a financiar sus programas de servicio de alimentos, las escuelas se han convertido en proveedores de comida “chatarra”. Según la Encuesta 2003 de Comida “Chatarra” en Escuelas Preparatorias de California, las papas a la francesa, las papas fritas y otras frituras, galletas, yogur, bagels, helado y refrescos constituyen el 70 por ciento del total de ventas de alimentos en 71 por ciento de los distritos escolares encuestados. Abundan los productos de marca: más de la mitad de las escuelas ofrecen alimentos de marca tales como Taco Bell, Subway, Dominos, Pizza Hut y otros. Más del 85 por ciento de los distritos que venden comida “chatarra” a la carta usan las ganancias de la venta de estos alimentos para financiar sus programas de servicio de alimentos. Otras usan las ganancias para subvencionar otros aspectos del funcionamiento de la escuela, incluso actividades extracurriculares y programas atléticos y educativos.

El Centro para el Estudio del Peso y la Salud brinda sugerencias a grupos y agencias para la modificación del entorno comunitario:

Las compañías de seguros y otros proveedores de cuidados de la salud pueden ofrecer servicios para el control del peso, vigilar a pacientes para identificar de manera temprana tendencias poco saludables que puedan llevar al sobrepeso y educar a los pacientes y a la comunidad acerca de la alimentación saludable y la actividad física.

La planeación urbana puede tomar en cuenta el hacer de los parques, aceras y caminos para caminar y andar en bicicleta aspectos integrales de la comunidad. Así como planear las ciudades para que sea factible caminar desde los hogares hasta las escuelas, parques, bibliotecas, hospitales y otros servicios.

El desarrollo urbano puede fomentar y ofrecer incentivos a supermercados y mercados de granjeros en zonas donde haya acceso limitado a alimentos saludables.

La legislatura podría reglamentar la venta de alimentos en las escuelas y la publicidad de alimentos y bebidas dirigida a los niños, y exigir información sobre nutrición en los menús de restaurantes.

Las agencias a cargo del cumplimiento de la ley pueden aumentar la visibilidad de su personal en los parques. Pueden también aumentar la participación de los residentes en programas que velen por la seguridad comunitaria.

Las familias pueden también tener un impacto en la calidad del ambiente en el que viven para que fomente la buena salud. A continuación se presentan actividades que pueden llevarse a cabo para iniciar la transformación del entorno comunitario en uno que fomente un estilo de vida más saludable:

  • Dibujar un mapa de rutas para caminar y andar en bicicleta en la comunidad y distribuirlos a los vecinos.
  • Recoger la basura en parques locales.
  • Instalar una canasta para básquetbol.
  • Establecer junto con el departamento de policía un programa de seguridad para la comunidad.
  • Plantar una huerta.
  • Llevar una ensalada de frutas o un platillo de verduras a una comida donde los invitados aportan los alimentos.
  • Dar a los niños que participan en juegos deportivos naranjas o manzanas como bocadillos.
  • Unirse al grupo de padres y maestros en la escuela local y promover la buena nutrición y actividad física.
  • Apoyar esfuerzos para recaudar fondos que involucren actividades físicas tales como el lavado de autos y las caminatas en vez de la venta de dulces o galletas.
  • Comprar más frutas y verduras



(febrero de 2005)